Resulta que están en la unidad de conocimiento del medio dedicada a “los coches de carreras” y adivinad qué. Teníamos que construir uno en casa, pero que cupieran ellos para luego echar una carrera cargando cada uno con su coche. Jajajaaaaaaa, ahora me río, pero cuando leí la nota no me hizo ni puta gracia. Pillé una gran caja de cartón resistente y le pregunté a Elena de qué color lo quería, ella eligió rojo. Muy de coche de carreras, la verdad. Me chivan que en Ikea hay unas

pegatinas de coche de carreras para tunear correpasillos: rauda y veloz voy y compro una lámina (y ya de paso, qué cosas tiene Ikea, un mueble para mi nueva tele, un cucharón sopero, una centrifugadora de lechuga, 100 servilletas de papel, total 61,64 euros). El sábado vamos a comprar un tarro de pintura roja, pegamento imedio y 2 brochas, ella misma lo pide y lo paga en la ferretería. Montamos la caja la pintamos toda de rojo y esperamos la noche a que se seque. Al día siguiente le corto yo (con el cutter, eso no se lo dejo) dos círculos del ancho de cintura de Elena y uno servirá de volante (clavado con dos palillos de brochetas). También le corto dos “asas”
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para que pueda llevarlo. A Elena se le ocurre que con un cartón le podemos poner un alerón (ya lo podía haber dicho ayer, lo hubiéramos pegado con celofán antes de pintarlo y ya no nos queda pintura). Mientras ella dibuja y recorta el alerón, yo rebusco en casa y encuentro una pintura amarilla (no me doy cuenta de que es extrafuerte, colorante, hasta que nos pone manos y ropa amarillos aún ya seca), lo pinta y lo pega con pegamento y celofán de embalaje porque el maldito colorante no se seca en la vida. Canturrea feliz y me dice “Ay mamá ¡cómo me encanta trabajar contigo!” Se que es peloteo puro y duro, pero también se que lo dice porque le gusta de verdad: así que me “
refuerza positivamente”, ella
a mí, la jodía. Le pega las pegatinas y decide que quiere una matricula que ponga Elena (la hace en cartón sobrante y la cuelga delante, entre los dos faros) cada letra de un color pintadas con sus
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acuarelas, muy hippie. En el alerón quiere escribir Elena McLaren, le sugiero Ferrari, pero no, ella quiere McLaren. Así sea. Lo hace y lo admiramos y le tomamos fotos. Ese día se lleva el coche “puesto” al cole, y excepcionalmente yo le llevo la mochila con el almuerzo y la carpeta.
Observo que hoy hay una afluencia inusitada de papás en la puerta del colegio. Y que son ellos los que llevan los coches con sumo mimo. Cuando llegamos al aula me dice un padre que sale: “Yo voy a protestar. Esto han sido deberes para los padres, para los pa-dres” y se va. Su hijo se llena la boca diciéndole a todos con los que se cruza: “a que no lo has hecho tú, a que no lo has hecho tú que lo ha hecho tu padre, que lo ha hecho tu padre”. Hasta que ve a Elena en su coche. No se si el niño se calla porque sabe que Elena no tiene padre o porque es obvio que el de Elena si que lo ha hecho ella, lo que si se es que está frustrado porque su coche no lo ha hecho él.
Me despido y cuando llego a la puerta del cole se me desencaja la mandíbula: Veo este coche de carreras, al que el padre le está encajando las ruedas, que han traído en el maletero porque si no, no cabía en el coche. Digo “¡qué pasada! ¡Pero si tiene el tamaño y la forma de uno de verdad!” y Alberto, orgulloso, pilla una de las ruedas y empieza a ponersela a su coche. Se queda seco cuando el padre le espeta “¡¡Alberto!! ¡¡ya te he dicho que NO TOQUES el coche!!”
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Yo, seguro que como vosotras, prefiero el coche de carreras de Elena (que por cierto se ve tan chiquitín ahí al fondo, al lado de éste). Porque lo ha hecho ella (¡y con algo de ayuda!). Y lo ha disfrutado.
Comprado:
1 caja de cartón
Bote pequeñín de pintura roja
Pegamento imedio
Dos brochas
Lámina de pegatinas de Ikea
En casa teníamos:
Celofán de embalaje
Aguarrás
Brocha fina
Acuarelas colores
Colorante amarillo
Cutter
2 palillos brochetas.